calidad e inocuidad
la última palabra

Buenas Prácticas Nutricionales en la Industria Alimentaria

La creciente problemática mundial relacionada con la desnutrición, así como los desórdenes
derivados en una mala alimentación,incluyendo obesidad y enfermedades crónicas, ha puesto
de manifiesto la importancia de que la industria incorpore en sus sistemas de calidad el componente de Buenas Prácticas Nutricionales.
PATRICIA BONIFAZ define el término, justifica su razón de ser y describe algunas de esas prácticas enfatizando en la necesidad de una
posible regulación al respecto.

 

Desarrollo de alimentos “saludables”, innovaciones productivas que mejoran el perfil nutricional de los productos, biotecnología aplicada a alimentos funcionales y mejorados, o políticas corporativas para mejorar y simplificar la información al consumidor, son ejemplos de prácticas
cada vez más comunes en el sector agroindustrial- alimentario. Ya sea por disminuir los riesgos asociados al incremento de la obesidad y enfermedades crónicas, o bien por actuar de modo proactivo para favorecer y posicionarse en un mercado alimentario más saludable, muchas marcas y empresas garantizan procesos y productos que cubren varias de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en sus reportes más recientes.

En la industria, la idea es asegurar productos diferenciados, basados en el cumplimiento de estándares, ya no sólo de inocuidad y calidad genérica sino también de compromiso ambiental y con la nutrición y la salud. Hay un creciente excedente en la demanda por alimentos con algún valor agregado en calidad nutricional, lo que conduce a que las marcas aprovechen esas oportunidades de mercado en la búsqueda de una mejor posición competitiva. Las prácticas de
mejoramiento de productos, procesos y marketing e información al consumidor están en permanente revisión con el propósito de alcanzar estándares de nutrición cada vez más elevados. Son cada vez más las empresas que desarrollan y adoptan códigos propios, voluntarios, de marketing responsable o políticas corporativas de salud, nutrición y bienestar. El resultado de estas políticas se traduce generalmente en acciones educativas, alimentos mejorados o sistemas de información nutricional (sellos, íconos, declaraciones) simplificados. Sin embargo este conjunto de prácticas nutricionales que redundan en un mejor “ambiente” alimentario no suelen estar debidamente diferenciadas y comunicadas a los consumidores. Más aún, muchos nuevos desarrollos traducidos a alimentos, insumos, procesos o marketing de mejor calidad no son evaluados positivamente sino en ocasiones son el resultado de una conducta reactiva de las marcas frente a las amenazas de un ambiente “obesogénico” o poco saludable...

 

Para obtener el artículo completo solicítelo a ceditorial@revistaindustriayalimentos.com

Autor

Patricia Bonifaz, Ingeniera en Alimentos, Universidad del Valle de Guatemala; Asistente de Proyectos, OSMOSIS Consultores.