Antecedentes
En los años recientes, diversas investigaciones
han mostrado que el ser humano tiene un
deseo nato por lo dulce, uno de las cuatro
sensaciones fundamentales del gusto. Los
recién nacidos muestran una reacción positiva
al dulzor. Algunas otras investigaciones
han mostrado que la respuesta de niños y
adultos al dulzor es más que una respuesta
aprendida, es un reflejo, una reacción innata.
La evidencia histórica de dibujos en cuevas
que datan del hombre del neolítico de hace
aproximadamente 20,000 años indican que
el hombre siempre ha tenido preferencia por
el dulzor. Hacia el año 2500 antes de Cristo,
los egipcios producían grandes cantidadesde endulzantes para propósitos culinarios. Las
frutas, la miel y los dátiles han sido también
utilizados para endulzar los alimentos. El
azúcar natural de caña (sacarosa) ya se
conocía en la cultura India, 4000 años antes
de Cristo, y era considerada como una de las
siete necesidades alimentarias básicas de la
población Hindú junto, junto con el Agua,
la Sal, la Mantequilla, la Leche, el Yogur y el
Vino. Al ser introducida al imperio Romano,
el azúcar lentamente ganó popularidad y se
amplió su conocimiento a través de Europa,
Asia, África y eventualmente el Nuevo
Mundo. Una de las principales razones para
el comercio masivo de esclavos en los países del continente americano fue debido
al mantenimiento de las plantaciones
de caña de azúcar. Desde que fue
refinada hace aproximadamente 600
años, el azúcar proveniente de diversas
fuentes como la caña o la remolacha
ha sido hasta nuestros días el estándar
de dulzor.
Todos estos fenómenos han llevado a la
búsqueda de fuentes de sabor dulce no
sólo para obtener dicha sensación, sino
también para hacer más agradables los
alimentos.
A través de los años, el descubrimiento
y la búsqueda de sustancias alternativas
de sabor dulce limpio intenso y al
mismo tiempo que contribuyan a
la reducción del consumo calórico
proveniente de los hidratos de
carbono de azúcar o de derivados de
sacáridos, ha sido resultado de tres
fenómenos principales: los accidentes
científicos, los efectos terapéuticos
(para proporcionar alternativas a la
población diabética o con trastornos
digestivos u obesidad) y las tendencias
de consumo de la población (reflejadas
en la reducción de hidratos de carbono
en la alimentación de la población
para reducir el contenido calórico
de los alimentos)...
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Autor
Eduardo Molina, Especialista en el campo de los endulzantes de
alta intensidad; Ingeniero Químico, Universidad La Salle, México;
Maestría en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, Universidad
Iberoamericana, México. |